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| $1 millón de Dolares se perderá por cada partido |
Los Ángeles--A las 7:30 de la noche (hora del Pacífico), los fanáticos debían haber
entrado al Staples Center, escuchar los dulces sonidos de Jeffrey Osborne
cantando el himno nacional, y entonces ver a los Lakers batallar ante Oklahoma
City para dar inicio de su intento de redención y conquistar su 17° banderín.
En vez de ello, los fanáticos están obligados a
ver "Clásicos del Tabloncillo" en NBA TV. O ver videos viejos de
Osborne siendo muy patriota.
Siempre se sentía que había una distancia segura
que separaba las negociaciones y los partidos del calendario. Aún con la
cobertura sin parar de los medios sobre una temporada en peligro, hasta cierto
grado, este desorden no se ha sentido más real que un unicornio o la
posibilidad de un aniversario de bodas de los Kardashian-Humphries.
El cierre me recuerda el darme cuenta en el
subconsciente de un mal sueño. Aún cuando el sueño sea desagradable y
horripilante, en la parte de atrás de tu mente dormida esperabas despertar.
Pero con la cancelación del partido inaugural del
martes, los fanáticos de los Lakers están oficialmente atrapados en una
pesadilla.
Desearía poder ofrecer un pensamiento patético
para hacer sentido de esta insanidad, pero la verdad, no tengo nada. Cero.
Nulo. Y honestamente, ¿Qué quisiera nuestra lectoría escuchar o leer de mi, de
cualquier manera? ¿Qué se puede decir para hacer a los fanáticos de los Lakers
y el baloncesto en general sentirse completos nuevamente?
Las palabras de David Stern, Adam
Silver, Derek Fisher, Billy Hunter y otros no tienen sentido.
Creo que hablo por muchas personas cuando les pido
cortésmente que representantes de
jugadores y funcionarios de la liga no se paren ante un micrófono hasta que se
llegue a un acuerdo, eviten la retórica y calladamente acuerden fecha y hora
para el para la próxima reunión. Cero conferencias de prensa. Cero cartas de la Unión de Jugadores dadas a
conocer por los medios. Hagan trabajo sin buscar una cámara.
A nadie le importa lo que constituye un
"acuerdo justo" entre las personas repartiéndose enormes cantidades
de dinero. A nadie le importa si una inversión vanidosa de un propietario es
rentable.
Ellos sólo quieren básquetbol.
